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miércoles, 21 de mayo de 2014

Tributo de sangre

Madrid, 20 de mayo de 2014. Menos de dos tercios de entrada. 1 toro de El Ventorrillo (1º), de poca presencia, manso, incierto, incómodo y a menos. 1 toro de Los Chospes (2º), bien presentado, manso y que desarrolla sentido rápidamente, haciéndose peligroso. David Mora, cogido en el primero, no mata ningún toro. Antonio Nazaré, silencio en el único que mató, el primero; se retira a la enfermería durante la lidia del segundo. Jiménez Fortes, ovación en el único que mató, el segundo. Se retira a la enfermería tras la muerte de éste y se suspende el festejo.

Fue la decisión más lógica, sensata y consecuente que podría haberse adoptado. El festejo no podía continuar, por más que a alguno le hubiese gustado que lo hiciera. Ninguno de los tres matadores podía hacerlo; todavía quedaban cuatro reses enchiqueradas, tres de ellas cinqueños largos, como los dos que se habían corrido previamente. ¡Qué importante es la edad como factor influyente en la las condiciones del toro de lidia! Al primero le faltaban sólo cinco meses para tener seis añitos cumplidos; al segundo, el remiendo de Los Chospes, que aun llegó a aprender más deprisa, sólo tres… De ahí que los lidiadores hayan pretendido siempre lidiar reses cuanto más jóvenes e impúberes mejor.
La tauromaquia, a nadie se le escapa, conlleva su riesgo; tampoco lo exageremos porque ayer se multiplicaran las desgracias por una u otra razón. Ese riesgo existe desde que uno se pone enfrente de una minúscula vaquilla, el caso del llorado Antonio Bienvenida es el mejor ejemplo de ello. Todas las reses de lidia, todas, pueden darte un susto, aunque el aficionado exija que se lidien cuatreños con cinco hierbas como mínimo, con presencia y trapío suficientes, y que –sobre todo- tengan la casta necesaria para que los profesionales se luzcan con las condiciones éticas precisas. Eso… no son capaces de hacerlo la mayor parte de los espectadores. Ayer la tauromaquia se cobró su constante tributo de sangre en tres lidiadores vestidos de oro. Caso singular en estos últimos años, pero que no es el único que uno ha visto –en vivo y en directo- en su condición de aficionado en Las Ventas.

El toro de Los Chospes (segundo lidiado, pero el tercero en el programa) con el que finalizó el festejo (Foto: las-ventas.com)
Recuerdo aquella tarde de feria, del 26 de mayo de 1979, en que Rafael de Paula estaba dando unas imborrables verónicas, inconmensurables, eternas, cuando fue prendido por el cuarto toro y ahí se acabó el festejo. Sus dos compañeros, Francisco Ruiz Miguel (herido en el tercero) y Manolo Cortés (lesionado en el segundo), ya estaban en la enfermería y ahí hubo de suspenderse el festejo…, pese a que saltó un espontáneo, el Lobo (con bastantes más ganas que el sexagenario de hace un par de días), que fue retirado por las Fuerzas de Orden Público. Fueron entonces dos reses de El Torero (también, como las dos de ayer, de encaste Domecq), y una de Garzón (Atanasio-Lisardo) las causantes de los percances. Dos días después, el 28 de mayo, hubo nueva suspensión, también en el cuarto de la tarde. Se lidiaban toros de Victorino, con un remiendo -en tercer lugar- de El Torero, por Paco Alcalde, Ortega Cano y el Niño de Aranjuez, que a la postre se llevó la peor cornada. Dos albaserradas y un domecq más fueron los causantes de las desgracias.
Ayer se sucedieron los percances porque –más que probablemente- los lidiadores no esperaban tal comportamiento en reses de procedencia Juan Pedro, que habitualmente se producen y reproducen con otras bondades y sin molestar a los coletudos. Quizá fue la edad; quizá el hecho de que son desecho de desechos… ya me entienden; quizá a que sus criadores no buscan la mejor selección; quizá -y ahí ponemos especial énfasis- que la empresa compra a precio de ganga lo que sobra por el campo, lo que puede salirle más barato, sobre todo porque esté llegando al límite de edad para ser lidiado y no pudo colocarse -por sus bondades- en años precedentes, ahí donde puede apretar más y mejor a los ganaderos… Sea como fuere, en el escalafón van quedando pocos diestros capaces de hacer frente a toros con complicaciones , con dificultades, mucho menos con peligro franco, y cuando salen –como alguna rara vez lo hacen- se desbordan los problemas y las carencias lidiadoras se hacen absolutamente manifiestas. Este “hoy se torea mejor que nunca” se deshace por todos lados: ni hay toreros con la clase, personalidad o gusto de un Paula, Curro, Camino, Ordóñez o el Viti -pongamos por ejemplo de diestros de los sesenta-, ni espadas con las condiciones lidiadoras de alguno de los mentados o de un Puerta, Ostos, Márquez, Ruiz Miguel y tantísimos otros de aquellos o sucesivos años. Es pura filfa; engaño barato que algunos plumíferos se empecinan en hacernos creer.
Ayer la incapacidad lidiadora se manifestó de forma evidente en dos de ellos; al tercero -el que abría cartel- le ganó la inconsciencia de un lance desatinado, previsto frente a un supuestamente noble, bondadoso y bobalicón domecq que no salió como se esperaba, como confiaba que se comportara un toro de tan “augusto” linaje.

David Mora retirado a la enfermería después de su intento de larga  afarolada de rodillas en los medios (Foto: las-ventas.com)
A David Mora le perdió el absurdo de una de esas largas afaroladas genuflexas que ya no se dan a “porta gayola” (a la puerta de chiqueros, en portugués), sino en los medios, algo alejado de la segunda raya. Lance absolutamente improcedente, y más en el toro que abre plaza, que no demuestra nada pero que la gente jalea como si fuera el non plus ultra. Lance en el que el toro suele salir a su aire, que no tiene continuidad en el capoteo, que requiere de la persecución habitual de la res, lance que tiene más de casualidad que de causalidad. Una tontería, que le vamos a hacer. Puede tener disculpa si se hace en los tres últimos toros de un encierro, porque antes se ha estado mal, porque se requiere la disculpa del público, porque se ha visto y comprobado cómo han salido los toros precedentes… Pero así, como sucedió ayer, es una estupidez. El toro, ese primero de El Ventorrillo, salió parado, al paso, enterándose, y en vez de levantarse el espada, y replantear cómo pararlo, corrigió levemente la posición y prácticamente se echó el toro encima. La paliza fue considerable, el toro le buscó con saña en el suelo, varetazos, pisotones y cornadas se sucedieron entre el espanto de ese público que jaleó el lance antes de que se produjera, esos mismos que lo aplauden sin cabeza o los que de buena fe ovacionaron ”el gesto” aunque no tenga mucho sentido. Espanto que nos alcanzó a todos por las consecuencias y brutalidad del percance.

La cogida de Nazaré al rematar el quite en el segundo (Foto: las-ventas.com)
Se hizo cargo del toro Antonio Nazaré, un diestro que viene agradando con su toreo al natural al público madrileño en los dos últimos años. Ayer volvió a intentarlo, pero sin resultado. El toro ya mostró complicaciones por el pitón zurdo de salida y aunque mejoró en la muleta por ese lado, terminó por complicarse por ambos, quedándose corto y revolviéndose con problemas y por falta de casta. No le cogió el temple necesario el sevillano, ni siquiera con los ayudados en las dos o tres tandas en las que hubo oportunidad. Cuando acortó el viaje, toda expectativa se agotó, despachándolo Nazaré de una estocada casi entera y caída. Mientras quitaba al segundo, sufrió un volteretón en el remate de las chicuelinas, y tuvo que retirarse a la enfermería con una lesión de ligamentos en la rodilla (se hablaba de una posible rotura de ligamentos cruzados). Cierto es que la  media que daba estaba, en buena medida, ya hecha, pero apuntemos que también el toro se quedó en la suerte. Segunda baja.

La tercera y definitiva cogida de Fortes en el segundo de la tarde (Foto: las-ventas.com)
Corrió turno tras el percance de Mora, y en segundo lugar -para Jiménez Fortes- salió el previsto en tercero, un animal con el hierro de Los Chospes, manso y que terminó peligroso, y de muchísimo sentido, por el mal trato recibido. Es verdad que ya cogió al espada al tercer lance con el percal, dándole un soberano revolcón. Quizá al matador le faltó soltura de brazos, porque dio la impresión de que se lo echaba casi encima… El toro, que cogió a Nazaré en el quite, siguió complicándose y recortando en banderillas, doliéndose mucho, y llegó algo descompuesto a la muleta, brusco, con genio. Y, sin embargo, apuntemos que en el capote de José Antonio Carretero apuntó muy distinta condición, quizá porque bien llevado, mimado y tratado, metía la cabeza de forma más bonancible. Fortes se dobló brevemente con él, y en vez de hacerle una faena lidiadora y de sometimiento, procedió a los sempiternos derechazos que, al parecer, sirven para cualquier toro en esta tauromaquia contemporánea. Y, claro es, se equivocó. Al tercer muletazo con la diestra volvió a ser cogido y el toro le dio una primera cornada en el muslo. Con valor, voluntad y abnegación, siguió intentándolo, obcecándose en el error, en seguir pasándolo a base de naturales y derechazos, sin mayor lucimiento, estando a merced del bicho varias veces, entre sustos casi constantes, aguantando los tornillazos finales del animal, con el mérito derivado de su impasibilidad ante el peligro, pero sin la cabeza -o inteligencia, léase capacidad de ver y analizar las condiciones de cada res- necesaria en el arte taurino. El problema residía en que habitualmente llevaba casi medio pase hecho, con lo que la exposición era casi constante y los sustos se repetían con frecuencia en el último tramo de la muleta, a medida que el bicharraco aprendía sanscrito. Fortes terminó por darse cuenta, aunque tarde, volvió a doblarse un poquito con movimiento, y desde muy lejos entró a matar, dejándose ver tanto, y sin vaciar con la mano izquierda, que el toro le esperó, le prendió y volvió a darle otra soberana paliza, con cornada inclusa. Murió el bicho de la estocada, contraria y con derrame, y Fortes fue a recoger el brindis al Cordobés -padre- sin poder siquiera agacharse para recoger la montera devuelta por el mito de los sesenta. Por su pie, y mientras recibía una ovación sincera, se retiró a manos de los médicos y ahí se acabaría la tarde.
Dos toros cinqueños, cinco cogidas, cuatro cornadas, una rodilla destrozada… cabe replantearse y preguntarse qué tipo de tauromaquia está propugnando el mundillo, desde luego.

Partes facultativos de los diestros heridos:

Parte de David Mora
Durante la lidia del 1º toro ha ingresado en esta enfermería el matador David Mora con dos heridas por asta de toro, una en tercio medio cara anterior de muslo izquierdo con una trayectoria ascendente de 30 cm que produce arrancamiento de la vena femoral y colaterales, con destrozos en el músculo cuádriceps. Contusión de la arteria femoral superficial. Otra en axila izquierda con una trayectoria ascendente de 10 cm que contusiona el paquete vásculo-nervioso y alcanza el húmero. Contusiones y erosiones múltiples. Se trasfunden dos unidades de concentrado de hematíes y gelafundina. Se exploran pulsos distales siendo estos normales. A cargo de La Fraternidad se traslada a la U.C.I. del Hospital Virgen del Mar. Pronóstico MUY GRAVE”.

Parte de Antonio Nazaré 
Durante la lidia del 2º toro ha ingresado en esta enfermería Antonio Nazaré con traumatismo en la rodilla derecha con probable lesión de ligamentos. Se traslada a centro hospitalario para su estudio radiológico. Pronóstico reservado que le impide continuar la lidia”.

Parte de Jiménez Fortes
Durante la lidia del 2º toro ha ingresado en esta enfermería el matador Saúl Jiménez Fortes con dos heridas por asta de toro, una en cara externa del tercio superior del muslo derecho con dos trayectorias, la primera hacia arriba y adentro de 10 cm que alcanza el fémur. La otra de 10 cm hacia abajo que causa destrozos en el músculo vasto externo. La otra cornada, de 10 cm alcanza la pala ilíaca. Pronóstico menos grave, que le impide continuar la lidia”.

Los dos cinqueños que salieron ayer:
1º.- Deslío, de El Ventorrillo, 532 kilos, negro listón, delantero de cuerna, manso, algo incómodo e incierto, a menos en la muleta.

2º.- Fetén, de Los Chospes, 537 kilos, castaño salpicado, bragado corrido, gargantillo, delantero de pitones, manso con sentido, que acabó peligroso. 

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