Por Santiago Orozco
Con cartel de
no hay billetes y expectación inusitada en la ciudad de Huelva desde las
primeras horas de la mañana, se celebró el ansiado y esperado mano a mano
programado por la empresa entre José Tomás, de grosella y oro, y Morante de la
Puebla, de caña y oro. Con toros de distintas ganaderías: el primero de
Victoriano del Río, el segundo de Núñez del Cuvillo, tercero de Jandilla,
cuarto de Juan Pedro – el de menos presencia de la tarde-, quinto del Pilar y
sexto de Zalduendo. Todos justos de presentación para plazas de segunda
categoría. En la mañana no hubo que hacer sorteos, debido a esta nueva moda en
la que cada matador trae sus toros en el coche de cuadrillas. Será que está de
moda…
José Tomás en actuación precedente |
La corrida, en
términos, generales no defraudó a las siete mil personas que acudieron a la
plaza, sin incluir mucha juventud que se encontraba en el cerro del cabezo.
José Tomás, en el de Victoriano del Río, demostró la verdad de su toreo y
aunque le cortó una oreja en mi modesta opinión fue con el que estuvo más
acoplado en toda la tarde, si bien es verdad que el toro fue de más a menos,
demostrándose que el temple de un torero ayuda mucho a los toros. Cuando salió
el tercero de Jandilla, siendo este el más bravo de toda la tarde, demostró José Tomás por qué
levanta pasiones. Después de torear con variedad con el capote, las series por
ambos pitones eran de siete muletazos y el de pecho de pitón a rabo, todos por
debajo de la pala del pitón; si al temple le añadimos la colocación y el valor
que tiene este torero en la cara de los toros será por eso por lo que algunos
sensacionalistas dicen que es de otro planeta, pero ni mucho menos, es un
torero en una época distinta a la que le correspondería, por ejemplo un torero
de los sesenta. Aunque la espada cayó baja no importó para que el público le
pidiera las dos orejas, aunque antes de la colocación estuvo la ejecución, en
la que hubo mucha verdad, cosa que echamos de menos en otras tardes.
En el que
salió del Pilar, un toro que en la muleta desarrolló peligro fue la cara del uy
y del ay más que del ole que fue el de Jandilla, demostró el torero de
Galapagar ese valor seco y sereno que asustó a todos. La estocada quedó tendida
y se ovacionó con fuerza al torero que ya había conseguido abrir la puerta
grande, en su última comparecencia en la temporada española. Habrá que emigrar
a Francia el dieciséis de septiembre para poder volver a verlo.
Morante de la puebla este año en Madrid (Foto: las-Ventas.com) |
A José Antonio
Morante de la Puebla
no le acompañó la suerte con los toros que su mentor le eligió para tal evento.
Su primero de Cuvillo fue un toro manso y desclasado, Morante no se dio coba y
lo finiquitó con excesiva rapidez, y se silenció su labor. Cuando salió el toro
de Juan Pedro que iba en cuarto lugar pudimos ver el toreo fundamental en el
capote del de la Puebla ,
toreando extraordinariamente a la verónica y con dos medias sensacionales que
quedarán en el recuerdo de los que las vimos; en la muleta la faena fue como el
toro de Juan Pedro, de más a menos, y Morante le cortó una oreja. La esperanza
la tuvo José Antonio en el que cerraba plaza, un toro de Zalduendo que tuvo muy
pocas condiciones en la muleta, aunque empujó en el caballo y Morante
consciente de que se le iba la tarde lo intentó por activa y por pasiva, por el
izquierdo no tuvo un pase, solamente destacar dos series por el pitón derecho,
para después de estoquearlo recibir una ovación e irse a pie de este mano a
mano que, en líneas generales, falló en lo que está fallando casi siempre en la
fiesta: en un toro encastado que dure y tenga fijeza.
Sin embargo, el
éxito del mano a mano radicó en que hubo un concepto del toreo distinto al que
estamos acostumbrados en el toreo moderno, es decir, en la verdad del toreo,
que lamentablemente está faltando en muchas tardes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario