lunes, 6 de mayo de 2013

¿Se acuerdan ustedes de Barcelona?


Madrid, 5 de mayo de 2013. Alrededor de un cuarto de entrada. 5 toros de Carriquiri, bien presentados, salvo el quinto, mansos en general, con posibilidades en la muleta primero y segundo y algo menos el cuarto. 1 toro de Aurelio Hernando (6º bis), manso, boyante y noble en el último tercio. Oliva Soto, división al saludar en ambos. José María Arenas, silencio y silencio (aviso). Esaú Fernández, silencio y vuelta por su cuenta.

No sé si recordarán lo que ha pasado en Barcelona… No me refiero a la prohibición política de los independentistas de la Marca Hispánica, que ya son ganas de señalar, sino del proceso de degradación de la fiesta en Cataluña, del abandono de la afición, de la transformación del espectáculo más señero de toda España, en una especie de verbena para turistas, a precios insalvables para los habituales, sin el más mínimo interés para los aficionados, espectáculo siempre vendido como el único posible porque no había público que atraer a la Monumental barcelonesa. Todo ello culminó en la prohibición y en el cierre de la última plaza catalana.
Si ayer restamos el amplísimo número de turistas y foráneos del coso de la Monumental de Las Ventas, que marcó en buena medida el desarrollo del espectáculo, en  Madrid parece que caminamos, por mor de esta nefasta empresa y sus corifeos del Centro de Asuntos Taurinos, en la misma, en idéntica, dirección. Carteles paupérrimos, sempiterna subida de precios cada año –gracias a Dios en Madrid todavía se controlan aquellos y se puede asistir al espectáculo por el precio de dos o tres cañas de cerveza en adelante-, nula atención a los aficionados, soberbias y malos gestos para con los de domingo a domingo (no les dejan entrar en determinados actos, se les trata con malos modos, no se les da ni un cartel que –además- pueda servir para dar a conocer el festejo, …) y así mil gestos que acaban por cansar al aficionado… que no es sustituido ni aun por el público de aluvión. Ni los regalos de entradas del pasado 2 de mayo consiguieron congregar en Las Ventas a más de un tercio de entrada… Ayer fue un nuevo punto y seguido. El cartel carecía de más interés que ver si Oliva Soto era capaz de volver a ilusionarnos como lo hizo en aquella tarde sevillana hace años, y después de mil fiascos consecutivos. El ganado de Carriquiri, encaste Núñez, pertenece a uno de esos limbos táuricos, que ni el aficionado reclama, ni las figuras exigen, ni los de abajo hacen ascos. A la postre, bien presentados en general, salvo el quinto, hubo alguno que pudo tener mejor resultado que el que la terna nos mostrara.
Tenía yo, justo por delante, a un nutrido grupo de turistas de distintas nacionalidades -alguno con una guía que leía para enterarse de que iba el asunto…- y que sólo aplaudían a tenor de la masa o en contra de cualquier mínima protesta que algún nativo de la piel de toro expresara. La estulticia aupada a la máxima potencia. Pero era sólo una representación de la masa informe que mal-poblaba los tendidos, y que pulula cada domingo sí y otro también por los pasillos de la primera plaza del orbe taurómaco. Eso, al parecer, es lo que busca la empresa con el “visto bueno” de la Comunidad. Público ajeno a la fiesta, que sólo aplauda y muestre sus carencias más profundas. El aficionado molesta, y por eso hay que echarle de la plaza. Que no se consiga atraer más que a una cuarta parte –escasa- del aforo, no tiene importancia, ¡no les importa nada! Porque, desengáñense, lo que ambas instituciones buscan –pública y privada- no es satisfacer a los aficionados de Madrid, sino dejar concentrada la temporada en las nutritivas –para sus arcas- ferias y suprimir el resto de la temporada por inasistencia… del respetable. Y dedicar el coso a otras fiestas… La de ayer fue una de esas corridas dadas casi por obligación, que en nada interesaban –en general; seguro que a las familias, deudos o amigos de los interesados les afectaba mucho- y que a casi nadie convocaron. Un timo, un fraude en definitiva para la fiesta que todos anhelamos.

El quinto Gañán, un toro bravo en varas que buscó refugio en tablas (Foto: las-ventas.com)
Salieron los de Carriquiri con buenas carnes, no con peso exagerado –la media de los cinco lidiados fue de 536 kilos, por debajo de la media de Madrid y de las plazas de primera en estos años-, y ello a pesar de las edades, cuatro con cinco años y medio y uno con cuatro y cinco hierbas (el día de la Comunidad, el pasado 2 de mayo, la limpieza de abuelos de la vacada “lozanil” convocó en el ruedo venteño a cuatro cinqueños largos y dos cuatreños más). Primero, segundo y cuarto (éste en menor medida) tuvieron al menos su aquél; sin ser bravos, ni encastados, al menos mostraron movilidad en la muleta, ajenos de complicaciones francas, sin demasiada clase, pero con embestidas generosas que fueron apagándose hacia el final. El tercero no valdría para nada –aplomado y sin casta alguna- y el quinto, que pareció bravo en varas, derribando en primera instancia con estrépito y quedándose en el caballo (recordemos que Anderson Murillo sufrió en la caída la luxación con fractura del codo derecho), que cumplió empujando en el segundo encuentro (le dieron hasta en el carnet de identidad) con la cara baja y fijeza en el peto, y que persiguió con fiereza a los banderilleros, acabó buscando el abrigo y refugio de las tablas, evidenciando que lo que hacía era siempre empujar para dentro. Así que, sumen, tres de cinco tuvieron más juego y posibilidades que resultados.

Oliva Soto en el segundo (Foto: las-ventas.com)
Oliva Soto, de blanco y plata, volvió a mostrar más carencias que realidades. Su primer antagonista –el segundo de la tarde-, Palillo de nombre (527 kilos, negro bragado y meano, manso, embestidor y algo a menos en la muleta), le permitiría estar con comodidad y sin graves compromisos. El sevillano, sin embargo, que nada había hecho con el capote, optó por un toreo absolutamente periférico, siempre muy fuera de cacho y sin ninguna profundidad. Horrible, que le vamos a hacer. Todo desde fuera y para fuera… También desde fuera se acabó perfilando para dejar un pinchazo sin fe y, algo mejor, una entera por arriba. Lo mejor…, un pase de pecho por la hombrera contraria, quizá lo más interesante de toda la tarde… ¡para que ustedes vean! Y con ello y todo fue lo mejor de la tarde. Tampoco mejoró el panorama en el cuarto, Delicioso (543 en la romana, capa negra y listón, delantero de defensas, un poco ensillado por el lomo, manso, que embistió para ir a menos), quizá porque era un bicho flojito, por un lado, y porque Oliva no tenía el día de la sinceridad. Así que después de unas verónicas –alguna aprobada en el reconocimiento, pero poco más-, se fue a los medios y con el paso atrás, componiendo la figura al pasar el toro, le daría varias tandas absolutamente despegadas –el traje de primera comunión saldría inmaculado de los envites-, desde fuera, en un toreo en paralelo que a nadie –salvo familia, allegados y turistas- decía, sin chispa o clase que mostrar. Unos adornillos finales, unas manoletinas y media desprendida, pusieron fin a una labor de todo punto insulsa. Saldría por su cuenta a saludar unas palmas de las amistades, con la consecuente crítica (división).

José Mª. Arenas (Foto: las-ventas.com)
Venía a confirmar alternativa el albaceteño José María Arenas, y lo hizo con un Flautista de mote (552 en la báscula, delantero de astas, muy manso en varas, pero embestidor sin calidad y algo a menos en el último trance), que tenía en las primeras tandas un buen recorrido, yendo y viniendo, sin demasiada entrega, es cierto, pero sin problema alguno. Pues nada, ni con esas. Con el toro a su aire y una lidia desastrosa, se saldó el primer tercio, pareando el matador siempre a toro pasado y con dos medios pares por los suelos, que fueron completados con un violín en cuarta instancia. Pues, en llegando al postrer tercio, más dosis de la misma medicina, periferias, descolocación, toreo superficial y hacia Manuel Becerra. Con exceso de pico y largando al bicho en paralelo, sufrió una colada, perdió el trapo una vez (aplausos), y acabó encimista… probablemente para seguir descolocado. Dejó una estocada trasera y algo contraria con el brazo por delante, que requirió de dos descabellos. Gañán se llamaba el quinto (518 kilos, capa negra, muy poco trapío para un sombrero notable, que pudo ser bravo si no fuera porque empujaba sólo para dentro, acabó refugiándose en tablas y dejó un charco de sangre cada vez que paraba en cualquier paraje), un toro notablemente a menos, quién sabe si por el castigo exagerado o porque sus intenciones fueron sólo las de buscar refugio en tablas en el último trance. Unos lances para atrás con la capa, y con el percal poca cosa más. Al menos en esta ocasión clavó mejor, sobre uno de los pitones, ya que no en la cara. Planteó pelea el toro en las dos primeras tandas, casi desbordando al espada en la primera, pero luego terminó buscando el refugio en el olivo, en una faena en la que el espada se lo sacó varias veces a los medios o tercio, sin conseguir que el bicho permaneciera en tales terrenos. En el interín Arenas, abusando del pico, lo mandaba para fuera, sin continuidad alguna, en un trasteo que si nunca lució, terminó apagándose por completo. Al hilo de las tablas dejó un primer pinchazo y un segundo, más hondo, que bastaría, mientras escuchaba un aviso. Silencio.
Esaú Fernández en el último (Foto: las-ventas.com)
Esaú Fernández, el otro sevillano de Camas de la terna, tampoco ofreció mejor panorama. A su primero -tercero de la tarde-, Jaboncillo (538 en el peso, colorado, delantero, manso, parado y sin casta), lo recibió a “porta gayola” para luego no mostrar nada mejor con el percal. Incapaz de ponerlo en suerte en el caballo, el primer tercio fue un herradero auténtico, ¡vaya capacidad! La lidia al revés, por completo, evidenciando carencias de mando, técnica o cualidades lidiadoras. Superados los dos primeros tercios, comenzaría el siguiente por estatuarios, para imitar a sus compañeros de cartel: siempre fuera, llevándolo en paralelo y sin continuidad. El bicho se paró pronto, también hay que decirlo, y sólo echando la pata atrás y llevándolo por las afueras conseguiría ligar algún lance. Acabó por ponerse en la oreja del animalito para engañar a los muchos “chinos” que llenaban los tendidos… y casi lo consiguió. Así que, después de siete tandas en las que no vimos apenas nada de nada, lo despachó, también desde fuera, de una entera desprendida. Silencio. 

El jabonero de Aurelio Hernando (Foto: las-ventas.com)
El sexto fue devuelto por cojera… alargando el suplicio otros veinte minutitos más. Saldría en su lugar un jabonero sucio de Aurelio Hernando (veragua cruzado), Baena de apodo, de 538 kilos, manso pero embestidor en la franela. Salió el toro frío, pasó por varas sin espectacularidad, pero mejorando en el segundo encuentro frente a un primero huido, y llegó a la franela al contrario de lo que auguraba el encaste, embestidor, noble y boyante. Todo al revés. Esaú principió con pases cambiados por la espalda, en los medios, que levantaron los decaídos ánimos, pero pronto volvería a las andadas: todo desde fuera y para fuera, hasta que se acordó del toreo contemporáneo y comenzó a echar la pierna atrás, retorciéndose, para ceder paso al toro y que éste fuera a su gusto, ligando por no rematar los lances. Perfectamente. A la afición no le gustó, al turisteo… una barbaridad, y a los amigos… ni les cuento. Así, retorciéndose para echar la pierna que debiera cargarse hacia atrás, logró ligar algo, pero sin temple, con muchos enganchones a lo largo de todo el trasteo, finalizando con unas bernardinas “andando”, como comentó un vecino de localidad (esto es, sin aguantar y moviéndose siempre para ceder paso franco al bicho). Necesitó de un pinchazo sin fe y una entera desprendida para ver cómo el toro se echaba en tablas. Un timo de faena que fue rubricado por una vuelta con protestas que inició… porque le daba la santa gana. Así está la plaza, así está la fiesta. ¿Se acuerdan de Barcelona? Pues allá vamos…

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