viernes, 30 de mayo de 2014

Peluquería Nati

Madrid, 29 de mayo de 2014. Lleno completo. 6 toros de El Pilar, mal y desigualmente presentados, algunos sospechosos de pitones, mansos, entre la invalidez, la sosería y el descaste. Sebastián Castella, silencio (aviso) y silencio (aviso). J.Mª. Manzanares, silencio y silencio. Alejandro Talavante, silencio y ovación (aviso).

Otros cinco silencios…  y una ovación al ilusionista Talavante de remate.
Lo decíamos ayer y lo seguimos manteniendo hoy… Corridas de tres toros harían de esta tauromaquia contemporánea algo más agradable y atractivo para el gran público y menos insufrible para el aficionado. ¡Qué corrida  la de ayer, señores! Las Ventas se ha transformado en la gran Peluquería Nati  -“pasa  al fondo, bonita, que te atiende Jessica”- donde te cortan el pelo a medida –a la suya, claro-, te afeitan la cabeza... -y los cuernos si es preciso-, te depilan las cejas al fuego –lo de cera ya la dan a través de la “incondicional” prensa afín pagada a tanto la línea- y te arrancan el vello facial –para dejártela tan tersa, dura y suave como la superficie granítica de la encimera de tu casa-.
Así que tomadura capilar al por mayor -sin descuento alguno- y afeitado gratuito –sin consecuencia alguna, claro-. Eso mismo fue la corridita –por llamarla de alguna manera- de ayer en el ex primer coso del mundo. Coso, foso, soso, que no ha podido caer tan bajo como en las manos del Tripartito que lo gobierna y el Gobierno que lo “tripartita”.
Ganado infame, más que sospechoso de pitones, mal presentado, inválido, descastado en su mayor parte; diestros apáticos, simplones, trabajadores de mal chiste de funcionarios, incapaces de jugarse un alamar pero cobrando como políticos al uso -o más, porque yo no conozco político (que igual los hay) que por media hora de hacer como si trabaja se embolse 150.000 euritos de nada, trescientos mil serían a la hora laboral…-. Garantía empresarial de fracaso como nunca se ha dado en la historia de esta plaza que, desde su inauguración efímera de 1931 lleva 83 años de funcionamiento y no recuerda una empresa más nefasta… pese a que a don Ignacio  González le parezca -por qué será, ¿quizá porque con  ella mejora  las vistas disponibles?- la mejor empresa de la historia –palabras textuales suyas ante el que subscribe cuando andábamos por una conocida empresa radiofónica que antes era una familia y  ahora se rige por consultings internacionales-; y por eso le regalan las prórrogas al contrato de dos en dos… Así que, vayan sumando, ganado, toreros, empresa, Comunidad y… nos falta el equipo presidencial de la nefasta tarde de ayer. Al parecer, y según me cuentan, la mano -no negra, sino carbónica- de Curro Vázquez anduvo agitando las turbias aguas del reconocimiento para que fuese aprobada la boyada vespertina enfangándolas aun más. Sea como fuere, esto o no verdad patente, el caso es que el equipo presidencial, “veterimalos” y usía toleraron se lidiase en Las Ventas un encierro infumable, desigual en más de cien kilos (entre 519 y 642, si mis paupérrimas matemáticas no me fallan, hay 123 kilos de diferencia), pero lo que es peor con animales anovillados, alguno sin cuernos y sin hechuras para plaza no ya de primera, sino de segunda con alguna dignidad (que creo recordar que aun puede que quede alguna). El público, eso sí, ¡a pagar…!, parafraseando como gritaba el bueno de Joaquín Prat en “El precio justo”, que aquí sería "justamente" lo contrario, injusto. 
Y los “profesionales”… ¡a cobrar...!, eso sí, sin dar participación a los de más abajo, no vaya a ser que se les acabe el chollo… Si MediaMarkt se metiera en el mundillo taurino, lo de “¡No seas tonto!” sería el lema universal.  
Si todavía el pretendido “festejo” se hubiese acabado en el tercero, cobrando los augustos representantes del G5 la mitad, y otro tanto el admirador francés del Che Guevara… el disgusto hubiese llegado sólo hasta la misma mitad. La deshonra del hierro de El Pilar se hubiese quedado en su justo punto medio, y la cantidad desembolsada en whiskys y gin tonics para olvidar el triste espectáculo que te ofrecen –y que proliferan como hongos en otoño pluvial- se hubiese visto minimizada un tanto considerable. Por favor..., que sólo me tomen el pelo la mitad en la Peluquería Nati de Las Ventas…


La posible progenitora de alguno de los de ayer (rubia pirenáica la pobrecilla) (Foto: Tomás Romero jr)
Primer corte capilar, al uno y medio, como si te dispusieses a ingresar en la gloriosa Infantería de Marina española. El ganado, infame, elegido por los toreros –no lo olvidemos nunca, por Dios-, supervisado por los veedores de sus apoderados, a saber Luis Manuel Lozano (¿les suena el nombre?), la Casa Matilla (“empresa tripartita habemus”) y el inefable Curro Vázquez (“la mano negra”). ¡Qué bonito esto del mundillo taurino y sus profesionales! ¿Se negaron a lidiar aquello los protagonistas áureos…? Ustedes que creen…
¿Se picó a los inválidos? Les respondo: pues no, apenas un picotazo en cualquiera de las doce entradas, aunque se les cerró bastante la salida; hubo dos toros a los que se les picó al lado de toriles, siete de las doce veces no se les puso en suerte sino que entraron a su aire –corridos- o al relance. ¿Trabajaron algo los espadas a favor del orden de lidia…? Otra pregunta retórica; pues no, hasta el punto de que su máximo logro es hacer de Don Tancredo cuando el toro pasa cerca de ellos (¡qué pedazo de casta y acometividad la de las reses!) y no son los dueños del pobre cornúpeto… ¿Hubo, antes del sexto, algún toreo de capa apreciable? Otra pregunta retórica, no tienen que contestarme. ¿Cuántos quites, por favor, se hicieron a lo largo de una corrida de la máxima expectación y con las mal llamadas figuritas? Cero en el primero, uno en el segundo (Talavante, unos lances de poca enjundia), cero en el tercero, cero en el cuarto, cero en el quinto, y otro de Talavante en el sexto, ¡albricias! ¿Cuántas veces se cayeron los mansos inválidos del Pilar –ganadería a la que debieran cambiarle el nombre por La Sima, porque este “pilar” no sostiene a las reses-? Nada, nada, poca cosa, apunten: cinco el primero, cinco el segundo, cuatro el tercero, siete el cuarto, cuatro el quinto, y sólo seis veces el último. Y eso gracias a que no se picaron, a la labor enfermeril de los de luces –a los que les van a dar la medalla al mérito de Salus Infirmorum-, y a que, como tampoco hacían mucho por moverse, y menos por humillar, es difícil que se puedan venir más hacia el subsuelo. Y así podríamos continuar.


Castella en el primero, cuando por fin se levantó (Foto: las-ventas.com)
Lo de Castella –apático trabajador funcionarial, con esa alegría del obrero que roza el salario mínimo, pero cobrando por encima de los 100.000 euros por tarde, por media hora de trabajo, real, madrileño…-, y lo de Manzanares –éste cobra bastante más y se alivia infinitamente más- no tiene nombre, como tampoco lo de Talavante en su primero, aunque algo se redimiera con ese toreo contemporáneo en el último (toreo de timo técnico, pero como ya nos estafan los políticos… y no nos quejamos, pues aceptable en nuestra sociedad carente de valores contemporánea). Seguro que fueron muy “reconvenidos” por sus mentores, si es que les dio tiempo a ello tras los insultos al público y aficionados de Madrid…
Sonaron clarines y timbal (anda de baja el segundo y no hay sustituto) para anunciarnos el paseíllo de las egregias y sacro santas figuras de la tauromaquia del siglo XXI. Y después de casi diez minutos saltó a la arena el primer inválido, un bicho soso y descastadito de don Moisés Fraile. Intentó saltar la barrera para ilustrarnos con la ingente capacidad de mansedumbre que atesoraba, pero fue incapaz, como lo demostraría –con creces- en las sucesivas caídas y derrumbes de su triste existencia. Castella no lo torea de capa, para qué, igual eso le resta algún muletazo... Empieza  el galo sentado en el estribo, obligándole a estrellarse contra la barrera y destroncándole a conveniencia –justo lo que necesitaba…-. Después le acompaña en paralelo, ejemplificando ese toreo moderno de esconder la pierna y retirarse cuando viene el toro, citando desde la pala del pitón o desde la quinta costilla verdadera… Muy bonito, pero sin respuesta del timado público… No se cansa del título de la película -“Acompañando a Miss Daisy”- y sigue llevándola a visitar Nimes, Arles, Bayona, Beziers, y otras plazas de la meridional Francia, antes de convertirse en el bonito eje de un Tío Vivo, en el que el toro gira a su alrededor pero nunca se enfrentan sus pitones al cuerpo del espada… Soberbio ejemplo de la maxificación del riesgo. ¡Y todo entre caídas, oiga, y con el pico…! Un metisaca muy bajo, un aviso y una entera caída mandaron al despojo al desolladero. Todavía creo estar saboreando la exquisitez aquesta... Lo mismo en el cuarto, otro inválido, soso y descastado ejemplar de 604 kilos (que lo mismo podrían ser cien mil en la báscula de la plaza…). Nada con el percal, ¿para qué?, y otras siete tandas, las mismas que antes -debe tener la hora de trabajo regulada en función de la productividad-, entre pérdidas de pasos porque el bicho “repone” y él más… Le pitaron, como en el primero, para que pusiera fin a la tortura tártara, pero ya saben que, en su soberbia, si le pitas trabajará aun más… Así que, cumplida su labor con la plúmbea franela, le dio un pinchazo, una entera desprendida, con pérdida del trapo, oyó un aviso y se acabó aquello.


Manzanares la vez que lo vio más cerca en toda la tarde, despidiéndole apara su viaje trans-oceánico (Foto: las-ventas.com)
El primer inválido de Manzanares acabó por rajarse sin vergüenza… Dio éste unos lances salpicados de indiferencia, por todas las partes, en el saludo. Dejó que lo picaran en el tendido uno, cerca de chiqueros, y que allí lo encerrara el picador contra las tablas, que casi –y sin el casi- embestía más el caballo que la pobrecita res… Y, después, otra fantástica ración de cómo se puede destorear desde, por y para fuera con el mismísimo telón del Teatro Español. Con enseñar el trapo, que debe andar por los cuatro metros cuadrados de superficie, al lado del cuerpo, y utilizar el pico para despedirlo hacia Canarias, basta y sobra; no importa que haga ademanes de colocación, y ya no les cuento de lo del paso mecánico para atrás ni otras lindezas de la tauromaquia contemporánea. El pobre animalín se despidió del espada en la quinta tanda, buscando los verdes pastos salmantinos, y falleció casi de forma natural, de una estocada caída por el lado contrario. En el quinto inválido, un monstruo de 642 kilos, sin trapío y con dos ofensivos -para el público de pago- platanitos cefálicos, uso el muletón (no se acuerden ustedes de aquel dispositivo femenino…, ¡hombre!) para remitirlo expresamente –vía “express”- hacia la Conchinchina, intentando la redención por el trabajo sin que la malísima gente de Las Ventas se lo agradeciera en lo más mínimo, y aun más, le pitaran bastante… ¡qué malos que somos! Un pinchazo, con desarme, y acosón y huída del diestro desamparado y desarmado; un metisaca casi entero, por olvidarse de retirar la mano de la empuñadura, y media por arriba, acabaron con el tormento del toro y del público. Ya, a esas alturas, había dos harakiris, tres ahorcados en los tendidos, y dos precipitados voluntariamente desde las andanadas…


Talavante, comparen con la foto inmediata superior para ver la identidad del estilo contemporáneo, en el sexto (Foto: las-ventas.com)
Sólo, y por los pelos desordenados, se salvó de la quema Talavante en el sexto… Porque lo que fue en el tercero, otro inválido titular, una cucaracha indigna, anovillada y sin trapío, descastado e infumable en cualquier aspecto que ustedes analicen, siguió la tónica de sus predecesores en el cartel. Toreo desde fuera, en paralelo, para sólo metérselo al finalizar cada tanda, de tres y el de pecho, antes de que el bicho tardeara ¡en la tercera serie!, acabasen ambos en el refugio de las tablas, y se lo cargara de una entera atravesada con el brazo por delante. En el inválido sexto, ¡Alá es justo!, falló a espadas después de una faena postmoderna en la que sólo pudimos ver algún lance salpicado por tanda, falto de continuidad. Eso sí, echando la pierna atrás, escondiéndola, cediendo terreno a su agónico antagonista, acelerado en los comienzos, sin bajar mucho la mano no fuera a ser que en vez de cinco caídas en este tercio, hubiesen sido más, y para qué les cuento con la mano izquierda, ¡hay vídeos! A la gente, más que harta del inmundo espectáculo, le dio por aplaudir ese toreo moderno hacia donde sea y como sea, pero con alguna ligazón, y si mata bien le hubieran dado un despojo auricular… Nada que ver con la rotundidad de aquella tanda y media de su actuación precedente, desde luego. Recuerden…, lo de ayer no pasó de algún lance aislado por tanda y sólo a derechas… Un buen pinchazo por arriba, ineficaz, hubo de ser completado con dos peores, una estocada delantera y atravesada, con desarme, y un aviso, que dejaron la cosa en ovación de despedida…
Hoy, a Dios gracias, no hay figuritas del G5 en el cartel, pero ahora que lo pienso, ¿mejoraremos en algo?

Los inválidos pilaricos:
1º.- Resistente, jajajajajajajajaja, 519 kilos, castaño, poca cosa, delantero de armas, manso, flojo, soso y a menos.
2º.- Niñito, 567 kilos, negro, delantero de cabeza, manso en varas, flojo, con algún movimiento en la muleta, rajándose al final.
3º.- Brigadier, 554 kilos, jajajajajajajaja, castaño, tocado de cornamenta para tapar lo escurrido de carnes y anovillado de hechuras, fantástico, manso, inválido y descastado.
4º.- Potrico, 604 kilos, jajajajajajajaja, colorado ojo de perdiz, delantero de cuerna, manso, flojo, soso y descastado.
5º.- Portillo, 642 kilos, más jajajajajajajaja, colorado ojo de perdiz, con dos platanitos que apenas sobrepasaban el testuz y menos “cara” que cualquiera del tripartito, con hechuras mixtas entre la rubia gallega y el buey que arrastra de las piedras en las antiguas provincias Vascongadas, manso, flojo, soso y descastado.
6º.- Fantasioso, no sabemos si de naranja o de limón, 562 kilos (¿¿??), negro listón, tocado de cuerna, manso en varas, embestidor y flojo. 

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