lunes, 3 de septiembre de 2012

Decepción


Madrid, 2 de septiembre de 2012. Un quinto de entrada. 5 novillos de Tomás Prieto de la Cal, desiguales de presentación y hechuras, mansos o muy manso alguno, escasos de casta y flojos en general. Destacaron por su bondad el tercero y quinto, pero ayunos de fuerzas. 1 novillo de Juan Antonio Ruiz (1º bis), manso, descastado, pero bien presentado. Pascual Javier, silencio (aviso) y silencio. Miguel de Pablo, división al saludar y ovación. Miguel Cuartero, silencio y silencio (aviso).

Primera de las novilladas con encastes singulares planteadas como escaparate de esas líneas ganaderas que tienen pocas opciones en este mundo globalizado de los Domecq de hoy en día. Vayamos un poco, si me lo permiten, por partes. Que una de estas novilladas, como me recordaba un buen amigo a la salida del festejo, sea un fracaso es una verdadera calamidad. Y no tanto porque suponga que los del mundillo del todo a cien se regodeen en ello, sino porque, paralelamente, el eco que puede tener el que una novillada de encaste Domecq salga desastrosa no es el mismo. Si una de estas últimas sale decepcionante –habría que definir que es aquello-, sus compañeras que lidian otros quince o veinte festejos al año en Madrid pueden repararlo… y el encaste mayoritario sale reafirmado. ¡Qué bueno es…!, dirán los que gustan de aquel por su comodidad, olvidando el juego desastroso y desastrado del encierro precedente o aun de varios de ellos. En el caso de uno de estos encastes que la empresa llama “minoritarios”, no hay mucha opción. Como sólo quedan –con capacidad para lidiar en Madrid, una, dos o tres ganaderías a lo más, si una sale mala… la catástrofe se avecina. Ayer lo de Prieto de la Cal –que ha dado en estos últimos años encierros interesantes, encastados, complicados y fieros, que de todo ha habido- salió malo, y ya pueden ustedes suponer lo que de ello estarán diciendo desde el portal ex - propiedad de don Juan Pedro, pasando por la crítica acomodaticia, los vendidos al poder o los siervos del G-10… Mala suerte, habrá que esperar al menos otro año más, para que la ganadería intente reparar esa mala cara ofrecida… si es que le dan opción para repetir. Es, la de Prieto de la Cal, el último reducto donde se atesora de forma mayoritaria el encaste Veragua –me gusta llamarlo más así que vazqueño, como sabrán los que sigan este blog- y este ligero paso atrás no podrá ser reparado por doce o quince novilladas más… porque no las hay en el campo bravo español, ya entienden.

El quinto, Rompedor, el mejor novillo de la tarde (Foto: las-ventas.com)
En segundo lugar dispensen que les comente la mala utilización –torticera, me temo- del término bajo el que se agrupan estas novilladas de septiembre. “Encastes minoritarios” dice el programa y los carteles de Taurodelta. Hombre, significando lo mismo, ¿no hubiera sido mejor llamarlos encastes singulares, por ejemplo, encastes especiales o distintivos, incluso encastes en vías de extinción? Esto de “minoritarios” suena a rechifla para justificar, si sale mal, lo “minoritarios” que son, y si sale bien, para decir que sólo les gustan a una minoría de chalados o de aficionados recalcitrantes y retrospectivos que viven anclados en recuerdos y añoranzas de un pasado inexistente… para ellos. Lo que ha de lidiarse es el encaste “mayoritario” y santas Pascuas. Mal favor le hacen así a la fiesta y a la riqueza genética de esta raza singular, que por cierto es también “minoritaria” en el panorama del vacuno actual. Así que… siguiendo sus intenciones y demagogia… puede ir camino del matadero. Por cierto, y para incautos, ya el pliego de condiciones de la Comunidad recomendaba que se cuidaran especialmente a estos encastes singulares, solicitados en buena medida por la afición de Madrid… así que la idea no es exclusiva de la empresa tripartita.
Lo de Prieto de la Cal, centrándonos en el festejo de ayer, tuvo una cualidad que conviene destacar, a pesar del resultado final: la prontitud... pero todos esperábamos bastante más. No hubo novillo, ni manso, ni inválido, que no acudiera siempre al cite, al toque, aunque luego su recorrido fuera mayor o menor, más claro y pastueño o complicado e incierto, más poderoso o entregado por falta de fuerzas. También a los caballos acudían, aunque hicieron en general una pelea mansa, casi todos con la cara por las nubes, doliéndose o intentando quitarse el palo y saliendo sueltos –el sexto huido- de la mayor parte de los envites. Sólo podemos destacar la pelea del quinto, ese precioso berrendo aparejado, que metió la cara más franco que sus hermanos, empujó de verdad aunque saliese con facilidad del peto en cuanto vio al peón de turno. Por lo demás, ni las fuerzas ayudaron –el primero volvería a los corrales por manifiesta invalidez, el tercero se caería al menos seis veces, alguna desplomándose por completo, ese quinto destacado lo hizo en tres ocasiones-, ni la casta hizo su aparición como hubiéramos deseado, ni tampoco en trapío la novillada fue un dechado de virtudes. Hubo dos, centrándonos en este último terreno, primero y tercero, ambos jaboneros, de muy escasa presencia para Madrid, aunque éste último, pequeño, corto y bajo, al menos estuviese cuajado. Desigualdad en hechuras y en peso, la novillada fue una escalera de casi ochenta kilos -75 para ser exacto-. Quizá la premura con que se ha previsto este encierro (hace un mes no estaba comprada la novillada) haya sido responsable de que el ganadero no haya podido traer lo que más convenía o de la forma que convenía, ello al margen de uno o dos novillos desechados en el reconocimiento… por exceso (¡hombre, si el encaste es singular, a lo mejor hay que tenerlo también en cuenta!).

El tercero, Dormilón, con solos 464 kilos, mostró cuajo y buenas maneras, aunque siempre falto de fuerzas (Foto: las-ventas.com)
La terna, poco acostumbrada además a este tipo de encastes, como es lógico pues son “minoritarios”, abrumada quizá por las leyendas que en torno a ellos se forjan día a día, tampoco anduvo a la altura; unas veces por bisoñez y otras por atolondramiento o cierta incapacidad. Tan sólo podemos destacar, por sus evidentes ganas, buen uso del capote y decisión, al colmenareño Miguel de Pablo, que salió airoso del festejo, aunque sin triunfo reseñable.
Abría la terna el valenciano Pascual Javier, tan jaleado últimamente en su tierra, y lo hizo frente a  un Pajarraco que volvería a chiqueros después de besar el suelo en cinco ocasiones durante el primer tercio y antes de que recibiera la primera banderilla. Salió en su lugar un sobrero de Juan Antonio Ruiz, encaste "mayoritario" Domecq, con reses también de Torrestrella y algo  -poco- de Núñez, que, para no dejar mal a la ganadería titular, salió tan malo como sus compañeros de tarde -o peor-, pero nadie se acordará de su estirpe... Se llamaba Jareto, con 498 kilos, un torito negro salpicado y girón, manso y rajándose en cuanto pudo hacerlo. Mirón, entrando al paso, con querencia a chiqueros desde el primer tercio en adelante, allí se llevó al espada valenciano porque éste tampoco supo cómo sujetarlo en otro terreno. Desde fuera, todo por alto y dándole exagerada salida, el animalito obedeció al instante y desde la segunda tanda decidió irse a donde la mandaban… Mal con el acero, le vimos un pinchazo al cuarteo, otro con desarme, nuevo desarme sin entrar a matar, otro pinchazo y una entera algo contraria y trasera, sonó un aviso y a la tercera fue la vencida con el descabello. Tampoco hizo nada con Hocicón, un novillo veragüeño de 506 kilos, castaño de capa, manso y que se frenaba y derrotaba al entrar en la muleta. Se venció varias veces por uno y otro pitón, cabeceó mucho en el peto con la cara alta –como sus hermanos-, y llegó a la franela sin viaje, entrando pronto pero sin recorrido alguno. En vez de torearle por la cara, o doblarse con él para ver si luego se le podía sacar algún partido, Pascual optó por los sempiternos derechazos y naturales, o intentos vanos de ellos, sin el resultado consecuente…, lógico. En esta tauromaquia postmoderna no cabe otra cosa que aburrir como sea, pero a base de derechazos y más derechazos; los recursos han quedado sepultados en la historia. Se caería en la cara del novillo a la hora de la muerte, sin que éste le echara más que una mirada de lástima o quizá de interrogación ante lo acontecido, y puesto en pie le dio una estocada entera, desprendida, con pérdida de muleta y todos a tablas…

Miguel de Pablo en el segundo (Foto: las-ventas.com)
Miguel de Pablo, como hemos dicho, destacó al menos por el buen uso del percal –especialmente en el quinto de la tarde- y sus innegables ganas… Tuvo enfrente, en primera instancia, a Felino, un novillo de 510 kilos, negro, manso, con genio y sin clase en el caballo, y más geniudo y complicado al final. Le enjaretó de salida tres largas afaroladas en el tercio, que al menos pusieron emoción y sal al guiso de la tarde, pero llegado al último tercio poco más hizo o pudo hacer. Eso sí, intentó darle distancias al principio, colocado al hilo, pero con la mano por alto, sin bajársela y decidirse a mandar de verdad el toro derrotaba y calamocheaba llevando el aparato cefálico por los cúmulo-nimbos estratosféricos (ya sé que esas nubes no se forman por ahí, disculpen la licencia). Con alguna duda, sobre todo en los lances iniciales de cada tanda, tampoco le pudo, y el novillo hasta se vino arriba en sus complicada embestida, brusca, incómoda, cabeceante… a más, pero en complicado, en definitiva. ¡Quizá en otras manos más diestras…! Con un bajonazo final, con desarme, puso fin al drama el colmenareño y se inventó una salida al tercio con división de opiniones. El quinto, Rompedor fue el mejor del encierro, un novillo berrendo en negro aparejado, de 511 en la báscula, más serio que los vistos hasta entonces, que empujó en varas, por primera vez en el festejo, en el primer puyazo y salió con facilidad de ambos encuentros. En la muleta fue flojo, pastueño y algo soso, pero metía la cabeza con docilidad e iba casi siempre al primer toque… hasta que se acabó lo que se daba. Buenas verónicas de recibo le saludarían, a cambio de una lidia perfectamente mejorable y mal trato en varas. Como sus hermanos se dolió en garapullos, y llegó noble al último tercio pero con tal escasez de fuerzas que poco podía hacerse, pues se quedaba a medio viaje o decía poco en sus arrancadas. Anduvo porfión el diestro, sin sacar nada en claro hasta que… en la serie final le sacó, por fin, dos derechazos buenos, largos, con la mano baja y las intenciones claras, templados, buenos, en fin…, para cortar a continuación la faena. Justo cuando podía sacar más en claro… ¡Cosas que tiene la vida! Con media desprendida y delanterilla se lo quitó de en medio y asunto terminado. Lástima, porque de haber seguido quizá hubiéramos visto más al toro y al torero…

Miguel Cuartero ante una de las buenas embestidas del tercero... qué lástima de fuerzas... (Foto: las-ventas.com)
Poco más hay que añadir al festejo. La labor de Miguel Cuartero fue por completo anodina. Su primer novillo, Dormilón, ese jabonerito pequeño y cortito pero hecho, de 464 kilos, fue manso en varas (mucho ruido de estribo y salida suelta), flojo, noble y evidentemente a menos en su también corta vida. Cuando lo pudo aprovechar en la muleta no lo hizo, colocado fuera y largando trapo en paralelo, y cuando, después de caerse varias veces, lo intentó más en redondo ya no había nada que hacer. Ni de uno en uno al final pudo sacarle partido, y eso pese a que el bicho era noble y franco… Un pinchazo bajo y una casi entera, delantera y caída, fueron suficientes. El festejo terminó de la peor manera posible, con un Hocicona (sic) de 535 kilos, negro, muy manso, bruto y sin clase, que huía del hierro en cuanto lo notaba y que embistió siempre con brusquedades, topón y con la cara alta, poniendo los pitones a la altura de las hombreras de Cuartero. Éste demostró esa bisoñez que hemos comentado, sin bajarle la mano jamás, sin doblarse o someterlo tampoco, sin limpieza ni aseo, con mucho movimiento (a veces casi regateando) y sin que viéramos nada destacable que no fuera un toreo a la defensiva absoluta... ¡cómo para que viéramos algo bueno en el bicho…! Una entera caída, y cinco descabellos, con intermedio musical en forma de aviso, dieron por fin al traste con las esperanzas de los aficionados. ¡Qué decepción! 

1 comentario:

  1. Despues de escuchar Clarin esa noche, no me queda la menor duda que es un SEÑOR GANADERO y que estos se cuentan con los dedos de una mano en la fiesta actual, donde por desgracia,estamos rodeados de falsedades .

    Espero que el dia 15 en Ceret se quite la espina y todos salgan a hombros, incluida la fiesta en cataluña.

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